Jersey rojo de rayas blancas

Su olor. Lo más característico de mi madre es su olor. El mismo perfume que desprendía aquel jersey rojo de rayas blancas que tanto se ponía cuando yo era pequeña. Ese jersey que me cogía, que me vestía, que me peinaba, que me abrazaba contra un pecho de lana suave. No sé ya qué es de ese jersey. A saber. Mi madre siempre le da nuevas vidas a las prendas que le gustan, ya sea por el “todo vuelve” o por el “queda para andar por casa”. Aunque hay veces que las vidas se agotan. Puede que a esa lana roja simplemente le llegase su momento. Qué sé yo.


Me gusta fijarme en sus manos. Suelo examinar las manos de la gente, intentar averiguar la historia de sus pliegues, de sus arrugas e imperfecciones. Las manos albergan la potencia de una vida, el espejo implícito del yo. Cuando observo las manos de mi madre se me viene a la cabeza una frase que me ha repetido en varias ocasiones: “mucho he trabajado yo en esta vida, filliña”. Las observo con admiración. Pienso en lo mucho que relucen para su medio siglo de faena. “Qué suaves”, le digo a veces con voz de niña repipi. Se ríe. Todavía no me explico cómo pueden ser tan suaves. También pienso en las trenzas que me hacían esas manos, delante del espejo del baño, entre carantoñas vacilonas y ojos de locura.


Sus orificios nasales tienen vida propia cuando un ataque de risa la invade. Aletean a velocidad de colibrí, y una vez activado el mecanismo, no es sencillo encontrar el “pause”. Si bien en menor medida, a mí también me sucede lo mismo. Siempre que soy consciente de ello cuando me río, me acuerdo de ella, roja como el jersey de rayas, facciones acentuadas, dientes destellantes y alerones en marcha.


Hay un adjetivo que utiliza mucho: simpático. “Qué simpática eres”, me dice con ironía cuando hago una gracia. Desde luego es “simpático” percatarse de cómo las partes definen al todo. Es simpático detenerse un segundo, cerrar los ojos y dejar fluir al (in)consciente. Es simpático darse cuenta de cómo la memoria selecciona fragmentos de humanidad en lo material, y cómo estos nos marcan hasta límites insospechados.

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